Virgina Stephen Woolf – 25 de enero, 1882.

Este post tiene como objetivo complementar una conversación en vivo que realizamos con Cora King, en la que vinculamos la historia de la escritora con su Carta Natal.
Lo pueden ver en IGTV o en YouTube.

En principio observamos el patrón energético familiar y encontramos que en esta familia hubo una alta presencia del eje Géminis – Sagitario y por ende del Aire y el Fuego.

Géminis representa las palabras, los libros, la mente, los hermanos, las manos, los primos y su complemento Sagitario, asociado a la sabiduría, los viajes, los tíos, las ideas superiores.

Estas energías generan un fuerte vínculo con el mundo intelectual donde las ideas prevalecen por sobre las emociones.

En amarillo, el Elemento Fuego
En celeste, el Elemento Aire

Carta Natal de Virginia

La Carta Natal de Virginia tiene una fuerte presencia de Aire con el Sol, Mercurio y su Medio Cielo en Acuario y su Ascendente y Marte en Géminis. Esto se manifestó en el intenso uso de la palabra oral y escrita, en su personalidad intelectual y en la fuerte presencia de los hermanos en su vida.

Su Luna en Aries, signo de Fuego, se manifestó en ser propensa a los accidentes, tener destreza para los juegos de competición y ser muy excitable llegando a lo que sus hermanos llamaban «la furia purpura».

La ausencia de planetas en el elemento Agua parecía intensificar esta situación, sin embargo su Casa XII tan amplia y concurrida, simbolizando su inconsciente, hace de las emociones una fuerte presencia. Y un dato significativo es que el peso emocional a través del Agua escorpiana y pisciana está presente en las Cartas de los dos hermanastros que, se considera, abusaron tanto de Virginia como de Vanessa.

Cuando su padre Leslie y su madre Julia se conocieron, ambos eran viudos jóvenes con hijos:

Leslie Stephen, era un crítico literario, historiador y alpinista que vivió acongojado por la pérdida de sus dos esposas y la salud mental de su hija Laura.

Julia Jackson, había nacido en la India en una familia intelectual, fue modelo de los pintores prerrafaelitas por su famosa belleza. A los 21 años se había casado pero tres años después había quedado viuda con su hija Stella y dos varones. Devastada, quiso entrar en un convento pero por sus tres hijos, se refugió en la enfermería y la filantropía.

Conoció a Leslie Stephen por amigos comunes y nació entre ellos una amistad en la que compartían sus ideales, sus convicciones de ateos agnósticos, sus dolores y el deber ser. Al poco tiempo se casaron. Según Leslie, ella se convirtió en una especie de «hermana de la misericordia» pasando a ser tutora de su hija Laura y soporte de sus demandas y depresiones. Participaba con él en la educación de sus hijos, escribía cuentos infantiles y tenía opinión sobre el papel de las mujeres respecto al trabajo aunque se oponía al movimiento de sufragio femenino. En parte era una mujer muy avanzada para su época.

Virginia en brazos de su mamá.

Julia sumó el cuidado de Laura de 8 años al de sus hijos de 8, 9 y 10 años y luego el matrimonio sumó otros cuatro hijos. Cuando Virginia nació, Laura tenía 11 años. Esta niña había sido elogiada por su belleza y vivacidad y prometía seguir los pasos literarios de la familia, pero comenzó a tener problemas para leer y escribir, no podía concentrarse, hablaba en exceso, tenía gestos vocales extraños y se atragantaba con la comida.

Cuando la familia creció, tomaron una institutriz especialmente para ella y finalmente la internaron en un hospicio. Quedará la duda sobre el origen de su «locura». ¿La había heredado de su abuela materna, tuvo origen en la pérdida tan temprana de su madre o estos rasgos se profundizaron al vivir en un ambiente plagado de prejuicios y vergüenza por criar a un niño «diferente» donde todos los hijos debían ser intelectualmente «brillantes»?

Virginia y su papá.

Con esta media hermana Virginia compartiría otros elementos trágicos: Virginia también tardo en aprender a hablar (recién lo hizo a sus tres años), sufrió como ella la temprana muerte de la madre, el peso de las altas expectativas del padre y la enfermedad mental. Podemos ver en estos hechos cómo se manifestaba la característica del Elemento Aire que, en ambas, «subía de tono» por la presencia de la energía acuariana con Urano.

Siendo niñas y nacidas en plena época victoriana, donde toda la educación que recibían solo estaba destinada a que, como mujeres, lograran arribar a un buen matrimonio, era de esperar que la potente energía acuariana se disparara por dos posibles canales: la creatividad intelectual-artística o la locura. Ambas los padecieron y, por suerte, Virginia atesoró por siempre sus agradables recuerdos de los veranos en St. Ives, Cornwall, donde su frondosa Casa XII se sentía a sus anchas cerca del mar y de la naturaleza.

El padre, siguiendo las ideas convencionales de la época, envió a los dos varones a la Universidad y se ocupó personalmente de la educación de sus hijas. Virginia se convirtió en una ávida lectora: su padre le permitió el acceso a su nutrida biblioteca y a los 8 años redactaba un periódico casero.

Virginia, excelente lanzadora de pelota jugando al cricket con Vanessa.

La llamaban «the goat» (la cabra) seguramente asociando sus movimientos bruscos que desdeñaban el peligro, su temperamento cambiante, inestable y caprichoso. Todos rasgos de su Luna en Aries, la cual no podía desplegarse como le hubiera gustado: «Nada de escuela, simplemente husmear todo el día en los libros de mi padre, sin tener jamás la oportunidad de estar en contacto con lo que ocurre en las escuelas… arrojarse tizas, peleas, malas palabras, vulgaridades, envidias…».

La intensa actividad filantrópica de la madre y sus frecuentes ausencias generaron una sensación de inseguridad y resentimiento en sus hijos e hicieron que los niños pequeños dependieran de Stella, su hermanastra. Julia murió repentinamente, Virginia tenía 13 años y sufrió su primera depresión.

Todo esto generó en Virginia ideas ambivalentes respecto al rol femenino: en su Carta Natal, los arquetipos que lo conforman (Venus y la Luna) se encuentran en cuadratura. Una relación conflictiva. Por un lado admiraba los ideales de su madre, pero a la vez estaba ansiosa por separarse del modelo de conformidad social y perfeccionismo que, diría luego Virginia: «alardeando de su capacidad para rodear y proteger a los demás, apenas le quedaba tiempo para sí misma».

Al morir su madre, Stella ocupó definitivamente su lugar. Pero cuando Stella murió dos años después, Virginia, con 15 años, sufrió una nueva depresión.

Entonces, el referente femenino más fuerte y más afín pasó a ser su hermana mayor, Vanessa. Dominaba varios idiomas, matemáticas e historia y se formaba como artista plástica en la Escuela de Arte.

La seguidilla de pérdidas no terminaría allí y sería un ingrediente muy fuerte en su vida. A sus 23 años muere su padre y, al año siguiente, su hermano Thobby. Aquí podemos comprobar la fuerte presencia de Plutón en su Casa XII y más adelante, cuando sus demonios la perseguían, escribía: «Le dan a uno una zambullida en aguas profundas. Uno baja al pozo y nada lo protege a uno del asalto de la verdad. La única forma en que me mantengo a flote es trabajando. Inmediatamente dejo de trabajar siento que me estoy hundiendo, me estoy hundiendo. Y como de costumbre, siento que si me hundo más llegaré a la verdad».

Después de la muerte del padre, los cuatro hermanos dejan la casa familiar, comienzan a vivir más acorde a sus propios intereses y con el tiempo dan vida al famoso Grupo Bloomsbury. Una élite intelectual de ideología liberal y humanista. Consideraban que la tarea más elevada era la búsqueda del conocimiento y el placer estético. Despreciaban el realismo del siglo XIX y la religión. Se manifestaban desconformes con el entorno político, la moral victoriana y la exclusividad sexual. Consideraban que los principales objetos de la vida eran el amor, la creación, el disfrute de la experiencia estética y la búsqueda del conocimiento. Daban suma importancia a las relaciones personales y a la vida privada. Su postura política era del tipo liberal de izquierda y opuesta al militarismo.

Aquí Virginia comenzó a respirar «aires más acuarianos». Era una conversadora chispeante con una imaginación incontrolada, presentaba a las personas con relatos inventados y los hechos no como habían sido, sino como le hubiera gustado a ella que fueran. Comenzó a manifestarse más fluidamente su esfuerzo constante por decir lo verdadero, lo no esperado, su humor y su sentido de la ironía, la agudeza de sus emociones y su profunda originalidad.

Pero vivía atrapada entre el cumplir con la función femenina de la época y su libertad para desarrollarse como escritora.

Vanessa se casó en 1907 con el crítico Clive Bell y tuvo con el dos hijos, su matrimonio se basó en una relación abierta. Ella mantuvo relaciones con Duncan, el pintor bisexual con quien tuvo una hija a quien Bell le dio el apellido y la crio como propia. Por su lado, Clive  mantuvo relaciones con la escritora Mary Hutchinson, entre otras. Antes del estallido de la I Guerra Mundial, Vanessa, Clive, Duncan Grant y su amante, David Garnett, se instalaron todos juntos a vivir en una granja.

Virginia, a pesar de sus dudas sobre el matrimonio, se casó a los 30 años con el economista e historiador Leonard Woolf, miembro del grupo y sagitariano como su padre. Si bien formaban un matrimonio bien avenido no tenían ninguna intimidad sexual.

Leonard se transformó en su paciente protector y no mostró celos cuando Virginia vivió su historia de amor con la escritora Vita Sackville-West, diez años menor que ella.

Virginia y Leonard

En 1923 entablaron una relación muy intensa manteniendo sus matrimonios. Vita se quejaba diciendo que: «Virginia parece no entregarse por completo, como si su naturaleza de narradora le hiciera estar siempre, de algún modo, tomando nota de lo vivido».

Esta relación, entre otras cuestiones, le permitió a Virginia reconocer que ella era una escritora bastante mejor de lo que Vita jamás podría ser y si bien no se cree que estuviera celosa de su escritura, sí lo estaba del sentido de confianza que a ella le faltaba.  «Vita no es reflexiva, su cerebro no esta tan bien organizado como el mío pero admiro su madurez, su capacidad de estar con cualquier tipo de gente, de representar a su país, de controlar el dinero, los criados, los perros, su maternidad, en una palabra lo que ella es que yo nunca he sido, una mujer de verdad, tiene una voluptuosidad como de uvas maduras».

Cuando la pasión termino siguieron siendo amigas hasta el final.

Virginia y Vita

En los últimos años el movimiento feminista ha rescatado la figura de Virginia por su postura frente a la necesaria independencia de la mujer: «Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si quiere dedicarse a escribir ficción», planteaba en su ensayo Un cuarto propio en 1929. En este sentido, digamos que su pertenencia a la burguesía intelectual le permitía vivir de su capital de 9000 libras con una renta de 400 al año mientras que Leonard, como funcionario estatal, ganaba 260 al año. Su economía comenzó a prosperar cuando luego de transformarse en escritor compraron una pequeña imprenta manual con la que fundaron la famosa editorial Hogarth Press.

En su producción Virginia, como buena acuariana, rompió con los moldes narrativos y renovó el género de la novela. Sus personajes adquieren protagonismo a través de los monólogos interiores en los cuales despliegan sus pensamientos en un fluir inconsciente, sus visiones, sus deseos y hasta sus olores. El tiempo se expresa a través de los cambios en el interior de los personajes, en la conciencia que tienen de sí mismos, de los demás y de sus mundos.

Toda su vida sufrió episodios de depresión, dolores de cabeza, insomnio y tuvo varios intentos de suicidio  La psiquiatría tuvo poco que ofrecerle. Solo la escritura era lo que le permitía hacer frente a su enfermedad. Leonard relata que durante 30 años consultaron a muchos médicos y la única receta era la vida tranquila. Seguramente esa fue la razón de la compra en 1919 de La Casa del Monje en Rodmell. Una casa de madera del siglo XVII donde pasaban cada vez más tiempo hasta que, a partir de 1940, se instalaron allí de forma permanente, cuando su piso de Bloomsbury quedara destruido tras un bombardeo.

La casa del monje – exterior

La casa del monje – interior

El cobertizo donde Virginia escribía

Para esa época, el estar casada con un judío y saberse en la lista negra, y el perder a Julián, su sobrino de 29 años, quien se había sumado a las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española, movilizó a la pacifista Virginia a «romper todos los moldes» y encontrar una forma de expresión sintonizada con la situación política-social de la época.

Cuando Virginia contaba con 59 años, decía que ya no podía tolerar más sus «voces internas» y seguramente sus palabras «…a veces retumba como un trueno dentro de mí el sentimiento de la total inutilidad de mi vida», ya habían colmado su medida.

Se suicidó en el río Ouse, cerca de la casa de fin de semana. Había dejado dos cartas, una para Vanessa y otra para Leonard, según ella, las dos personas más importantes de su vida.

El día y la noche. M.C. Escher (1898-1972)

Me pareció que la obra de otro artista con mucho Aire acuariano podía sintetizar la vida de Virginia.