(11 marzo 1890- 8 abril 1950)

Hijo de bailarines, fue un genio precoz.

A sus siete años, un hermano muere trágicamente, su padre abandona la familia, su madre deja de bailar y se instala con sus tres hijos, modestamente en una casa de huéspedes. Todas estas circunstancias reflejan su particular Saturno en el último grado de Cáncer que se manifiesta en “una mamá responsable”, en “un papá abandónico” por el sextil Saturno/ Neptuno-Plutón y con la Casa IV en Acuario.

A sus doce años, este tímido niño es admitido en la Escuela Imperial de Danza donde vive como interno. A sus dieciocho años es primer bailarín en el Teatro Mariinsky y en la Corte del Zar, quien le regala un reloj de oro.

Conoce a Serge Diaghilev productor de espectáculos, hombre influyente que acababa de llegar de París adonde quiere volver con el ballet ruso. Comienza con él una relación profesional y amorosa.

Diaghilev crea la compañía Ballets Russes que producirá conmoción en el mundo de la danza.

Las obras de los Ballets Russes dieron pie a una fiebre por el Orientalismo que marcó la década de 1910 en la moda. Las mujeres de sociedad eran cuadros vivientes, vestidas como esclavas orientales con brazaletes de oro en los tobillos y bandas en la cabeza.

Algunos comentarios de la época sobre Nijinsky:

Un rostro exótico. Rasgos orientales, ojos rasgados, pómulos prominentes. Sus movimientos marcan su ambigüedad sexual. La levedad del torso y la pequeña cabeza contrastaban con los muslos poderosos y más propios de un atleta. Los movimientos podían resultar demasiado femeninos o, por el contrario, convertirse en feroces y prepotentes.

La energía pisciana de Nijinsky generó también un fuerte impacto en “la imagen social”. Cuando apareció en París con un collar de perlas y diamantes, los diseñadores de Cartier copiaron el diseño para su clientela femenina. Durante las dos temporadas siguientes, las aristócratas de París y Londres sólo usaron como collar el modelo «a la Armida», en referencia a una coreografía de Nijinsky.

El impacto en París a sus 19 años fue con sus “saltos” legendarios. El público lo veía elevarse y parecía no regresar al suelo. El diría: “Oh, es muy fácil, uno se eleva y después se detiene allí arriba”. Estos famosos saltos que parecían desafiar la ley de la gravedad tal vez ya resumían su drama personal al decir “Lo difícil es volver a bajar”.

Esa expresión se transformaría en realidad el 19 de enero de 1919. Aquel día Nijinsky acabó su carrera y su vida pública. Ocurrió durante la función en el hotel Souvretta de Saint Moritz y fue considerado un suicidio artístico.

Se sentó en medio de la sala atestada de gente y se quedó mirando con fijeza al público durante largo rato. Por fin se levantó, extendió en el suelo unas piezas de terciopelo formando una cruz y, de pie, con los brazos abiertos, dijo: Ahora bailaré la guerra, sus sufrimientos, sus destrucciones, sus muertes.

Y bailó. Parecía anegar la sala con todo el horror de la humanidad. Era aterrador y fascinante. Sus ademanes eran trágicos y grandiosos mientras giraba vertiginosamente en el espacio. Abruptamente finalizó y se retiró diciendo: «El caballito ya está cansado.»

Nijinsky tenía 30 años. Saturno en tránsito hacia conjunción con su Medio Cielo generaba a la vez una oposición con Urano y Marte que transitaban por su Casa IV en Acuario.

Este colapso entre Saturno/estructura y Urano-Marte/genialidad descontrolada seguramente terminó de desencadenar todo lo que su energía pisciana contenía. Nijinsky tenía su Sol y su Luna en conjunción en Piscis y a la vez estos en cuadratura con Neptuno uno y con Plutón, la otra. Todo ello amplificado con su Casa V en Piscis, su Ascendente en Escorpio y la notable falta del Elemento Tierra.

Estas características lo transformaron en un fervoroso estudiante de las enseñanzas filosófico-religiosas de Tolstoi abrazando el veganismo, el celibato y el pacifismo. El aseguraba tener encuentros con Dios y que fue el Todopoderoso quien le otorgó el título de “dios de la danza”.

Su mujer fue Rómola de Pulszky, una bailarina de poco talento, joven y noble que lo vió bailar y se enamoró. Fue presentada a Nijinsky en varias ocasiones pero él nunca le prestó atención. Ella insistió y encontró la oportunidad viajando de acercarse a él, cuando la compañía realizó una gira sudamericana.

Cuando llegaron a Buenos Aires ya estaban comprometidos. Se casaron a los pocos días en la Iglesia San Miguel en la esquina de Bartolomé Mitre y Suipacha. Toda la compañía se alojaba en el lujoso Hotel Majestic de Av. de Mayo y Talcahuano. Nijinsky tenía 23 años.

Diaghilev que no viajó por su temor al mar, no le perdonó al bailarín esta “infidelidad” y lo despidió de la compañía.

Nijinsky formó entonces una pequeña compañía, desarrolló famosas coreografías pero fracasó como empresario. Aquí comenzó su deterioro mental y un año después nació su hija Kyra.

Durante los años fue perdiendo contacto con el mundo. Escribía muchísimo y decía: «Yo quiero que fotografíen mis escritos porque mi escritura es la de Dios. La impresión destruye la escritura. La escritura es algo bello, es por eso que es necesario fijarla”.

Su mujer, que también era pisciana y tenía la Luna en Cáncer, lo atendió con los mejores profesionales de la época y lo mantuvo dentro del grupo familiar todo el tiempo que fue posible. Gracias a ella también nos llegaron sus biografías.

Nijinsky murió a sus 60 años en una clínica de Londres, el 8 de abril de 1950. Saturno en Virgo hacía oposición a su conjunción Sol-Luna natal en Piscis.

Su impronta pisciana lo acompaño hasta el final …“Lo soy todo. Soy la vida. Soy la eternidad. Seré siempre y en todas partes. Pueden matarme, pero viviré pues lo soy todo.”