Acerca de mí

«Lo creativo» estuvo muy presente desde siempre en mi vida. Creo que tuvo su origen en dos características de mi infancia: la minusvalía de mi brazo derecho y una crianza no convencional. Con una me vi obligada a desplegar ingenio para funcionar como el resto de los niños y carácter para resolver obstáculos. La otra me dio flexibilidad para transitar y vincularme socialmente en ámbitos muy variados.

Entre otros aportes rescato los de mi abuela y mi tía que fueron (¡entre otras cosas!) titiriteras. Con ellas aprendí a dar los primeros pasos con el papel maché. Nunca hubiera imaginado que aquel juego con engrudo casero y papel de diario terminaría dándole forma a mi emprendimiento NANU, producciones de muebles para niños con cartón recuperado.

O que mi infancia transitada entre hospitales y situaciones de pérdidas generaría en mí una «grata afinidad» con lo problemático, iniciando así a mi Sol en Escorpio y mi Ascendente en Piscis a circular con lo que indica el hexagrama 18 del I Ching: «lo echado a perder».

Reciclar materiales, espacios, casas y situaciones de vida fue y sigue siendo una constante en la mía.

Tampoco podía imaginar, mientras aprendía los primeros pasos del dibujo y escuchaba en la radio «Teatro leído para usted» que terminaría siendo escenógrafa. Me inició en esta profesión mi querido maestro Gastón Breyer. Con ella montaría mi propio taller, en el que trabaje durante 20 años, y llegaría a ser miembro de la compañía del Teatro del Sur, becaria de la Fundación Antorchas para la carrera de Dirección teatral dictada por Alberto Félix Alberto y productora de puestas en escena para Esther Goris, Mónica Cabrera y Eduardo Riva entre otros.

A mis 14 años soñé que diseñaba y construía una escuela. A partir de ese momento dije que iba a ser arquitecta. Comencé a trabajar como dibujante en un taller de carpintería que luego sería un referente del diseño industrial en nuestro país, y en los ‘70 ingrese en Arquitectura de la UBA.

En aquel momento no me llamo la atención que muchos de mis primos hicieran lo mismo. ¿Vocación familiar? Veníamos todos de «padres constructores naturales» que los fines de semana funcionaban como una cuadrilla de albañiles itinerantes.

Finalizando la carrera, habiendo formado una familia y ya con dos (de mis tres) hijos, me di cuenta de esta característica familiar y comprendí que la construcción de la casa propia significaba, en la familia, volver al primer espacio habitado, el útero de la madre. Una compensación del desarraigo que habían sufrido nuestros abuelos inmigrantes. ¿Era ese mi objetivo?

Aun sin poderme responder esta pregunta empecé a incursionar otros caminos y a bucear en mí para encontrar lo más auténtico.

Reconocí entonces que tanto me importaba «diseñar y construir formas» como «conocer su significado». Llegó entonces a mi vida Lila Schallman y con la formación en Arteterapia pasé de las formas materiales a las sutiles.

Pero recién cuando la Astrología llegó a mi vida (¡Gracias, Mónica Nigro, una de mis mejores terapeutas!) logré enhebrar todas las perlitas sueltas.

Comprendí que las tantas vueltas de mi camino, que alguna vez me habían parecido una pérdida de tiempo, habían sido la forma peculiar de mi búsqueda. Como a Teseo, «el hilo de Ariadna» me ayudó a armar el rompecabezas con piezas tan dispersas en el tiempo.

Todo aquello dio sus frutos en una mirada amplia durante estos 20 años dedicados a la Astrología. Esa riqueza se fue desplegando y siguió nutriéndose a lo largo de los cursos, lecturas de cartas natales y coordinación del Taller Astroformas.

Unir y leer puntos dispersos en el tiempo y el espacio permiten descubrir en su «dibujo-mensaje» la comprensión de nuestra misión en la vida.

Así, mi ascendente Piscis me vuelve a recordar siempre que todo está unido y que no hay nada inconexo.